Si el verano arrancaba con una no-manicura que parecían reivindicar ese estilo pijo, epítome del buen gusto, y tocado de un cierto aire neoliberal. La recesión económica y el hartazgo de uñas recargadas, ultra decoradas y excesivas han conformado el combo perfecto para que este otoño surgiera un reverso al clean look. Ya se atisba un giro argumental contra este minimalismo, a favor de la experimentación y en contra de todo lo anterior. Por una parte, se borra todo rastro de uñas limpias y tonos nude; por otra, también acaba con el estilo adorable y carne de Instagram de la manicura coreana y sus variantes kawaii que arrasaron en los salones. El rey de las tendencias en uñas, Marc Jacobs, ya es el exponente de esta corriente que no quiere ser invisible pero tampoco ser la dominante; lo suyo es coexistir como un interesantísimo nicho.
Fuente: elpais.com