El horror suele enviar señales antes de su llegada. Lo que pasa es que a veces, la vida, con su ajetreado día a día, las oculta. O quizás sea nuestra mente que, cansada del incremento paulatino de la tensión, el odio y la violencia, lo va escondiendo para evitar que el sufrimiento se vuelva insoportable. Ya lo dijo algún dictador del siglo pasado experto en la gestión del dolor de las masas: no se puede vivir todos los días con el apocalipsis en el horizonte.
Fuente: elpais.com