Ucrania, Biden y el Capitolio

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En política internacional, un simple calendario bien manejado puede resultar el equivalente a un arma de destrucción masiva. Esta primera semana de enero se cumple un año del asalto al Capitolio instigado por Donald Trump para revertir el resultado de las elecciones presidenciales ganadas por Joe Biden en noviembre del 2019. Desde entonces, EE.UU. libra un conflicto interno sobre la esencia de esta longeva república y su papel en el mundo.

Pekín, Moscú y Teherán creen que la situación del gigante americano es mucho más que una crisis pasajera. Para esta amenazadora trilateral del autoritarismo rampante, el modelo de EE.UU. que ha aglutinado a las democracias occidentales desde la Segunda Guerra Mundial se encuentra en declive. Piensan que el calendario

 les favorece y que les ha llegado el momento de extraer grandes beneficios a través de la fuerza. En ese tentador contexto de debilidad americana debe interpretarse la amenaza de Putin contra Kiev, el matonismo de China contra Taiwán y el peligroso programa nuclear de Irán.

Desde un Washington tradicionalmente aislacionista, las crisis internacionales tienden a ser encasilladas como cenagales (quagmires) por sus muchos riesgos y pocos réditos. Sin embargo, esta vez no se puede ignorar a la embarrada Administración Biden y sus multiplicadas dificultades para desmentir a sus rivales y revalidar la referencia de EE.UU. fundamentalmente a través de la construcción de una sociedad más justa.

El respaldo a la gestión del presidente Biden ha caído un 25% desde su toma de posesión. Un declive precipitado por la dolorosa inflación, una pandemia mal gestionada desde el principio, el fiasco de retirada de Afganistán y la incapacidad de la Casa Blanca para sumar el requerido apoyo parlamentario para mitigar el cambio climático y expandir la mínima red de protección social para las familias estadounidenses. Con la premonición de un gran batacazo de los demócratas en las legislativas de noviembre y la validación de un Partido Republicano cautivo de Trump, el calendario no favorece a EE.UU.

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