Tres posturas de yoga para empezar el día con buen pie

Tres posturas de yoga para empezar el día con buen pie



¿Practicas
yoga
? Si no lo has practicado todavía deberías hacerlo, y si ya lo haces, te gustará saber que los expertos tienen claro cuándo es el mejor momento para practicarlo: por la mañana. Empezar el día con esta disciplina tiene numerosos beneficios, y el número uno viene a ser que tienes todo un día por delante en el que no te faltará energía.

Practicar por la mañana tiene una «magia especial». Empezamos el día libre de sus dramas, con la mente despejada de ansiedades cotidianas, rumores o chismes. En esos momentos, podemos embarcarnos en un tipo de autoindagación más sincera en la que no se impone el clamor de otras voces, en la que podríamos

 obtener una mejor percepción de nuestro punto de partida: dónde estamos realmente, cómo estamos respirando realmente, cómo nos sentimos realmente.

También empezamos el día con una relativa rigidez física después de pasar ocho horas acostadas. Por eso, la práctica matutina debe ser una en la que estemos obligadas a escuchar lo que nuestros cuerpos nos dicen. Esta práctica incorpora posturas de pie activas que trabajan para despertar al cuerpo. Debe ser un punto de partida para un nuevo tipo de autocompasión que acepta el cuerpo tal y como es, además de fomentar el irse abriendo suavemente con la delicadeza como eje central.

A medida que te vas moviendo, escucha a la mente y al cuerpo con la misma atención, de este modo obtendrás mayor claridad sobre qué partes de tu crítica interna no están basadas en la realidad. También sintonizarás de forma más intuitiva con tu yo físico, qué quiere y qué necesita de tu práctica.

La palabra «práctica» aquí es, por supuesto, la clave de todo. No esperes milagros. Espera, en cambio, descubrir que, cada vez que practiques, mejorará tu concentración y disposición para estar «en ella».

Estas son las posturas de yoga que propone Naoimi Annand en su libro ‘Yoga, un manual de vida’.

Cuatro posturas de yoga

1. Perro bocabajo.

Colócate a gatas y separa las rodillas al ancho de las caderas. Pon las manos en la esterilla alineadas con los bordes externos de los hombros y extiende los dedos de forma que el espacio entre el pulgar y el índice mire hacia delante. Presiona contra el suelo para elevarte en una «V» invertida donde la pelvis sea el punto más alto. Ten las piernas y los pies separados al ancho de las caderas, y los pies paralelos. Sepáralos más anchos si eso te proporciona mayor comodidad en la espalda baja. Deja que la cabeza caiga con la gravedad y suelta cualquier tensión alrededor de la base del cráneo. Busca la misma longitud en la parte anterior y posterior del cuerpo, así como una leve activación en los abdominales al exhalar.

Scott MacSween
Scott MacSween

Doblar las rodillas creará una mayor elevación de la pelvis y longitud a lo largo de la columna. El objetivo del perro bocabajo no es estirar los isquiotibiales. Estapostura es más bien un equilibrio de brazos y una inversión, por lo que su objetivo es encontrar longitud en la columna y estabilidad a través de los brazos y los hombros, además de permitir que la cabeza caiga por debajo del corazón para recibir los beneficios de la inversión del flujo sanguíneo. Sin embargo, si tienes la flexibilidad y/o quieres experimentar la conexión con la tierra a través de las extremidades inferiores y los pies, puede ser agradable enraizarse a través del centro de los talones o descansar los talones sobre blocs, una esterilla enrollada o una manta.

Al exhalar, puedes imaginar la respiración invitando a los talones a presionar hacia abajo. Busca longitud en los brazos, pero ten cuidado de no bloquear los codos. Mientras presionas con las manos, imagínate que estás intentando partir suavemente en dos la esterilla. Esto creará un pequeño espacio entre las orejas y la parte interior de los hombros y descongestionará el cuello y la garganta para que puedas sentirte más espaciosa en la postura.

2. Postura extendida de la mano al dedo gordo del pie A y B.

Levanta una pierna hacia delante y hacia arriba como si hubiera una atracción magnética entre el muslo y el abdomen. Sostén la espinilla, alcanza el canto del pie o enlaza el dedo gordo con los dedos de la mano (dedos índice y medio) sellando el cierre con el pulgar. Al exhalar, extiende la pierna derecha hacia delante mientrasmantienes la columna creciendo hacia el cielo y el brazo derecho encajado dentro de su hombro para no permitir que la pierna te saque de tu centro. Crece y observa el estiramiento a través de las puntas de las orejas y siente la longitud que esto crea desde la pierna que te sostiene hasta la cúpula del velo del paladar. Toma al menos cinco respiraciones aquí antes de salir como entraste.

B. Solo cuando estés lista, al exhalar, desde la variante A, extiende la pierna hacia el lado sin inclinar o levantar la cadera. Cambia ligeramente el peso para encontrar el equilibrio sobre la pierna que te sostiene y, si te sientes segura y estable, gira la cabeza por encima del hombro. Toma unas respiraciones aquí y luego, al exhalar, lleva la pierna al centro de nuevo. Puedes salir de la postura en cualquier momento y deshacerla tal y como habías entrado en ella.

Nota de práctica. Practicar junto a una pared es una manera estupenda de entrar en esta postura. Podrías ponerte de lado a la pared, o con la espalda apoyada en ella, lo cual está muy bien para mantener la alineación en el torso y no salirte de tu centro. Como con todas las posturas de equilibrio, imagina que tus cejas son un nivel de burbuja que te ayuda a mantener el equilibrio entre el lado izquierdo y el derecho, y entre la parte anterior y la posterior del cuerpo.

3. Paloma de pie

Scott MacSween
Scott MacSween

Desde la postura del árbol (donde permanecemos de pie con uno de nuestros pies apoyado en la cara interna de los muslos), separa el pie de la pierna de apoyo mientras mantienes la alineación. Flexiona la pierna de apoyo para que el otro pie se pueda apoyar atravesado sobre ese muslo y, al mismo tiempo, siéntate hacia atrás como en una silla. Coloca los dedos de los pies hacia atrás y hacia la cara para que el pie esté en dorsiflexión. Lleva el abdomen hacia dentro y hacia arriba al exhalar. Una vez que hayas establecido tu estabilidad y te sientas conectada con tu centro, inclínate hacia delante, descansando las manos sobre el pie y el muslo. Toma algunas respiraciones aquí. Si quieres ir más profundo, apoya los codos donde colocaste previamente las manos. Para salir de la postura, guía la pierna de nuevo frente a ti, lleva la rodilla al pecho y suéltala para cambiar de lado.



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