‘Pan de limón con semillas de amapola’: Un pan para llorar a gusto

‘Pan de limón con semillas de amapola’: Un pan para llorar a gusto



Una imagen de ‘Pan de limón con semillas de amapola’.

Benito Zambrano demuestra su oficio y humildad en ‘Pan de limón con semillas de amapola’, un melodrama desaforado que adapta un material literario repleto de clichés

Oskar Belategui

Benito Zambrano no se ha cortado a la hora de jugar con elementos propios del melodramón desaforado. ‘Pan de limón con semillas de amapola’ arranca con un parto en un país africano en el que la madre muere y después se suceden enfermedades incurables, maridos adúlteros, adolescentes rebeldes, oscuros secretos del arcón familiar y una panadería encantadora en el pintoresco Valldemosa, en la que un grupo de mujeres se relame las heridas y formará algo parecido a una familia.

Vídeo.

Tráiler de ‘Pan de limón con semillas de amapola’.

El director sevillano aceptó el encargo de Filmax para adaptar la novela superventas de Cristina Campos, una historia de sororidad y reivindicación de la ternura que encaja con el universo femenino del autor de ‘Solas’. El reencuentro entre dos hermanas después de quince años es el eje argumental. Elia Galera encarna a la ginecóloga que huyó de Mallorca y se volcó en su trabajo de cooperante hasta que siente la llamada de la maternidad; Eva Martín es la burguesa casada con un esposo machista al que no ama. Ambas reinventarán sus vidas gracias a la inesperada herencia de la panadería.

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‘Pan de limón con semillas de amapola’ no se avergüenza de ser una de esas películas para llorar a gusto, aun sabiendo que la estocada es a traición. La maternidad, la adopción y el peso de la herencia familiar son temas que Zambrano aborda sin efectismos, dirigiendo con buen pulso a dos actrices que tienen su mejor oportunidad de lucimiento en un largometraje hasta la fecha. El ‘macguffin’ del pan con limón que da título al filme puede hasta despistar, llevando a pensar que estamos ante una de esas fábulas amables en la que los protagonistas elaboran apetitosos platos en una cocina mientras resuelven sus problemas. Lejos de la comedia culinaria, el quinto largometraje de Benito Zambrano hace lo que puede con un material literario repleto de clichés y demuestra la humildad y el oficio de su director.



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