Macron provoca una reacción nacionalista por iluminar la Torre Eiffel con la bandera de la UE

Macron provoca una reacción nacionalista por iluminar la Torre Eiffel con la bandera de la UE



París
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Presidente en funciones de la Unión Europea (UE), durante seis meses, candidato a su propia reelección como jefe de Estado francés, Emmanuel Macron afirma que 2022 será el año del «gran giro» internacional de una «Europa plenamente soberana y dueña de su destino», provocando una reacción nacional y nacionalista de la mayoría de las fuerzas políticas, hostiles a una Europa percibida como amenaza para la «identidad naciona».

En el tradicional discurso presidencial de la noche de San Silvestre, Macron anunció «semanas muy difíciles» con un final feliz: 2022 pudiera ser el año del fin de la pandemia.

A partir de esa proclama de principios, el presidente francés asumió su papel de presidente en funciones de la UE, resumiendo sus grandes proyectos europeos, empantanados, desde su discurso en la Universidad de la Sorbonne del mes de septiembre del 2017: «La presidencia francesa presentará proyectos ambiciosos para conseguir la plena soberanía de Europa, potente y dueña de su destino en la nueva escena mundial».

Una «provocación»

El discurso presidencial había sido precedido por un gesto altamente simbólico. La bandera nacional que tradicionalmente ondea en el Arco del Triunfo parisino, el monumento construido a mayor gloria de las campañas militares de Napoleón Bonaparte, fue sustituida por una bandera de Europa. Esa sustitución de la bandera francesa por la bandera de la UE, en el más célebre de los monumentos de la épica nacional, provocó automáticamente un vendaval de reacciones contra Macron y contra la UE, de la extrema izquierda a las extremas derechas.

Para Jean-Luc Mélenchon, líder de Francia Insumisa (FI, extrema izquierda), las «ambiciones» de Macron son pura provocación ultra capitalista, en los antípodas de su proyecto político, ultra nacionalista: «Debemos tomar medidas inmediatas para salvaguardar los intereses de la Nación, aplicando nuestro proyecto político propio, con medidas de salvaguarda de la soberanía del pueblo francés».

Para
Valérie Pécresse
, candidata de Los Republicanos (LR, derecha), las ambiciones europeas de Macron y la sustitución de la bandera nacional por la bandera europea, en el Arco del Triunfo, tienen algo de «provocación insoportable», por estas razones: “Presidir Europa, sí; pero borrar la identidad francesa ¡no! Macron debe comenzar Pour restaurar la bandera nacional bajo del Arco del triunfo: se los debemos a todos nuestros soldados que dieron su sangre por la patria».

A las extremas derechas, Marine Le Pen y Éric Zemmour ponen el grito en el cielo patriótico. «El Arco del Triunfo, con Macron: primero empaquetado; luego, el saqueo y el ultraje», declaró Zemmour. Marine Le Pen reaccionó de este modo: «El pretendido apego de Macron a Francia es una mentira. Y se ha atrevido terminar su discurso de fin de año fotografiándose junto a la bandera de la UE, que el pueblo francés rechazó en referéndum el 2005. ¡Enésimo insulto a la democracia!».

En la escena política francesa, solo Anne Hidalgo (socialista) y Yahhick Jadot, ecologista, defienden posiciones europeistas, muy distintas de las ambiciones macronianas. Hidalgo propone un gobierno de “izquierda unida”, alejadísimo de la realidad francesa. Jadot propone una Europa federal, alejadísima de la realidad europea.

Más allá de los inmensos problemas de fondo que plantean, las ambiciones europeas de Emmanuel Macron han abierto un debate nacional de gran calado. La guerra política sin cuartel de la campaña de las elecciones presidenciales del mes de abril próximo, ha atizado una suerte de repliegue nacionalista de gran calado, previsiblemente duradero.

Como presidente en funciones de la UE, Macron aspira a renovar la financiación del Pacto de estabilidad europeo, reformar la política de seguridad interior, reforzar la lucha colectiva contra la inmigración, crear algo parecido a una Europa de la defensa, compatible con la OTAN, entre otros proyectos. Como candidato a su propia reelección, Macron deberá afrontar una resistencia y críticas muy duras, nacionales y europeas, que van mucho más allá de los enfrentamientos y diferencias electorales.

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