Ferran Garrido: Feliz Año Nuevo

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Un nuevo año es como una página en blanco. Podemos escribir una historia nueva o podemos seguir adelante con los viejos cuentos de siempre. La decisión es nuestra porque, aunque estemos convencidos de que nada depende de nosotros, una página en blanco es como un mapa vacío, lleno de nuevas rutas por abrir y de historias por vivir. Como un nuevo año.

Esta mañana he comenzado a felicitar el año a mis amigos. Es la tradición y, entre mis propósitos para el nuevo año está el de hacer bien las cosas, así que me he puesto a felicitar a las personas a las que quiero. A casi todas. Siempre hay alguien que ya no está al otro lado del teléfono, aunque seguiremos queriéndole para siempre… Bueno, que me he puesto a llamar a los amigos con mis mejores deseos de felicidad universal y he descubierto algo que no me sorprende, pero me inquieta.

Detrás de los buenos deseos hay mucha desazón, mucha desilusión y mucha desesperanza. Y el denominador común de que nos han tocado unos malos tiempos para vivir. Y puede ser verdad, pero como hoy me he levantado optimista pese a todo, he decidido que los malos rollos y las tristezas hay que vivirlas en su justa medida y aprovecharlas como una oportunidad para seguir hacia delante y tomar nuevos impulsos.

A veces, las cosas más importantes pasan de puntillas a nuestro lado y no les damos ninguna importancia, pero la tienen. A pesar de todo lo que llevamos en la mochila, ya sé que a veces la mochila pesa mucho, esos pequeños detalles que configuran poco a poco nuestra vida, son los que nos van a ayudar a descargarnos de pesos del pasado y a llenar el equipaje de cosas, tres o cuatro que no hace falta más, para escribir nuestro futuro.

Claro, ya sé que esto es muy fácil de decir. Que se lo digan a los que han perdido a un ser querido, a los que se han quedado sin trabajo, a los que han contraído una enfermedad que arrasa con todo, a los que están confinados, a los desilusionados, a los decepcionados, a los que tienen miedo… Lo sé. Y sé que lo peor es la incertidumbre y la inseguridad. Y sé que, de eso, en estos tiempos que vivimos, vamos sobrados.

El cambio de año es sólo un símbolo, pero los símbolos son importantes. Así que he decidido pasar a la acción. Visto lo visto, aplico el viejo refrán de que año nuevo, vida nueva, cargo tintas y me pongo a llenar la vida de nuevas historias y de nuevas cosas por vivir. Porque, lo importante es vivir. Sobrevivir es necesario, pero no es suficiente. No se trata de hacer borrón y cuenta nueva, no perdamos la memoria, pero no queda otra que seguir adelante.

El año que se va ha sido malo. Su predecesor fue peor. Puede que este año nuevo lo vaya a ser también, pero en nuestra mano está el cambiar muchas cosas. Ya sabemos que de esto no hemos salido ni mejores ni más fuertes. Pero estamos en situación de cambiar lo que no nos guste. Para comenzar a andar sólo hace falta dar el primer paso. Es una cuestión de actitud y, aunque la situación general nos supere, la vida se hace de pequeñas historias que comienzan con decisiones individuales.

Pandemia, política, economía, violencia, manipulación, mentira, decepción, desengaño, tristeza, soledad, confinamiento, dolor, muerte… vacuna. La palabra del año 2021 es vacuna. Les decía que los símbolos son importantes. Más allá de cualquier otra consideración, vacuna es futuro. Vacuna es esperanza. Y no me lo cojan al pie de la letra. Aquí, todo es símbolo. Prefiero mirar al mañana.

Un año nuevo es como una página en blanco. Vamos a llenarla de palabras. Podemos escribir con los renglones torcidos de la mentira, o con las frases blancas de la esperanza. Eso depende de cómo decidamos mirar al mañana. Los buenos deseos, sin obras, no sirven para nada. Cuando cae un borrón en la página, si hay que tirarla y cambiar, se cambia.

Feliz año nuevo.

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