«Enrique fliparía viendo a Miguel Ríos cantando sus canciones»

«Enrique fliparía viendo a Miguel Ríos cantando sus canciones»



Ramón Arroyo, Álvaro Urquijo y Jesús Redondo, Los Secretos. / Pablo CObos

Los Secretos lanzan esta semana dos proyectos, una biografía del grupo escrita por Álvaro Urquijo y un disco del concierto homenaje a su hermano grabado en 2019

Javier Varela

17 de noviembre de 1999. El corazón de Enrique Urquijo se paró para siempre en el portal número 23 de la calle Espíritu Santo, en el barrio madrileño de Malasaña. Una noche fría que dejó congelados los corazones de millones de seguidores de un compositor que había escrito la banda sonora de toda una generación que creció escuchando a Los Secretos. Justo 22 años después, su música y sus canciones siguen con la misma vigencia que cuando aquellos «tres hermanos de una familia normal que vivía en el barrio de Argüelles decidieron montar un grupo con un compañero de colegio», recuerda Álvaro Urquijo.

El pequeño de los tres hermanos, que ahora es el cantante y líder de la banda, ha querido contar la historia jamás contada del grupo en el libro ‘Siempre hay un precio’ (Espasa). «Empieza hablando de felicidad y acaba con paz, pero entre medias hay melancolía, traición, ilusión, confianza, celos… No soy escritor, pero he querido contar nuestra historia que, con sus errores y aciertos, logramos llegar hasta aquí. No he hecho otra cosa que dedicarle mi vida a la música porque del colegio salimos de gira», explica. Y desde entonces han pasado cuatro décadas en las que han tenido que escuchar «un montón de veces» aquello de ‘se acabaron Los Secretos’. «Todavía hay gente que me dice, ‘¡ah, pero seguís tocando!’», dice entre risas Ramón Arroyo. Pero han demostrado saber sobrevivir a casi todo, a la muerte en accidentes de tráfico de dos de sus baterías -Canito y Pedro Antonio Díaz-, a un parón de tres años y una reconstrucción -entre 1983 y 1986-, a la desaparición de su líder Enrique, a las modas musicales…

«No es fácil que una chica joven cante una canción de hace 40 años y lo haga exactamente igual que cuando la cantó Enrique. Hubiera alucinado»

«El gran impacto fue cuando murió Enrique, pero Los Secretos han hecho constantes ejercicios de supervivencia y a pesar de que muchas veces nos han dicho que habíamos desaparecido, somos uno de los grupos que más continuidad hemos tenido de los que nacieron en la Movida», apostilla Arroyo. Entonces, ¿cuál es el secreto de Los Secretos? «El público», responde sin pestañear y con orgullo Álvaro Urquijo. «En esas caídas, en esas desapariciones reales y en estos años, el factor determinante ha sido un cariño desmesurado del público y un apoyo incondicional de compañeros que nos ha permitido seguir. Uno no sigue porque quiere sino porque puede, y nuestro maravilloso público nos ha tendido los brazos cuando estábamos caídos, nos ha animado y nos ha puesto donde estamos». «No es fácil que una chica joven cante una canción de hace 40 años y lo haga exactamente igual que cuando la cantó Enrique. Hubiera alucinado», añade.

Los Secretos han editado un disco del concierto homenaje a su hermano grabado en 2019 y Álvaro ha escrito ‘SIempre hay un precio’, una autobiopgrafía del grupo. / Pablo Cobos

Y no es una pose de la banda ni una forma de quedar bien con sus incondicionales porque no hay edad para disfrutar con Los Secretos. «Puedes tener 15, 30, 50 u 80 años y que te gusten Los Secretos», reconoce Álvaro. «Tenemos la suerte de que más de la mitad de nuestro público tiene entre 20 y 30 años. Poca gente de nuestra edad viene a vernos». «Algún amigo», apostilla Jesús Redondo entre risas. Sus canciones se han convertido en un clásico y no es raro que cuatro generaciones de una misma familia vayan a sus conciertos. «Conocemos una familia en la que vienen a vernos la bisabuela, la abuela, la nieta y la bisnieta», cuentan entre risas. «Nadie elige estar 41 años de carrera, te lo permite el público», añade Álvaro. A todos ellos les une el ‘sonido Secretos’ que se fabrica como «una cadena de montaje de sensibilidad de canciones», confiesa Jesús. «Cuando uno hace una canción y se la enseña a otro, este le añade su toque y se convierte en un tema. Hemos aprendido a respetar nuestros huecos y a armonizar de una manera determinada», añade Álvaro. De hecho da igual que la canción sea suya o no porque cuando empiezan a sonar los acordes y en el escenario están Los Secretos, el sonido es inconfundible. «Cuando hacemos una versión de otro grupo, la gente dice ‘suena a Los Secretos’», explica Ramón.

Orgullo

En lo que los tres coinciden es que «Enrique estaría lleno de orgullo» si pudiera escuchar ‘Desde que no nos vemos’ (Universal), el disco homenaje que sale este jueves a la venta y que se grabó en un concierto homenaje por el vigésimo aniversario de su fallecimiento en 2019. «Fliparía viendo a Miguel Ríos cantando sus canciones y pensaría que por fin se le reconoce», porque si algo tenía Enrique es que siempre fue un artista muy generoso que aspiraba muy poco a la fama y al dinero. «No quería el éxito, ni ser protagonista de nada, solo disfrutar con la música. Nunca pensamos que fuera a ocurrir algo así y que su música siguiera teniendo vigencia cuatro décadas después», señalan.

Buena parte de ese éxito entre un público tan variado la tiene su carácter genuino y, como cuenta en el libro, «el riff de ‘Déjame’, el ‘acorde ni puta idea’ con el que Enrique compuso alguna canción o «el olor musical a vaca» de Ramón Arroyo. «En la música todo son fusiones, evolución y mezcla y en eso Los Secretos siempre hemos estado muy vivos para detectarlo», dice el propio Ramón.

Álvaro Urquijo ha escrito ‘Siempre hay un precio’, una autobiografía de Los Secretos. /

Pablo CObos

‘Déjame’, ‘Buena chica’, ‘No me imagino’ se han convertido en clásicos, pero cada uno de los miembros de Los Secretos tiene su preferida. «Por la melodía, porque es original, por el ritmo, porque se grabó en directo, porque me gusta tocarla y porque representa mucho la personalidad de mi hermano, ‘Volver a ser un niño’ es una de mis preferidas», desvela Álvaro. «Es difícil quedarse con una porque cada una tiene su momento vital y sus cosas bonitas», dice Ramón, aunque siente una predilección especial por ‘Quiero beber hasta perder el control’ porque «es la primera que grabé en 1985 en el estudio de la casa de los Urquijo». «Es un pedazo de canción», sentencia. La presencia de Enrique vuelve a aparecer cuando es Jesús Redondo el que tiene que elegir: «’Cambio de planes’, porque fue la primera que hice con Enrique y porque en un principio iba a ser instrumental, pero él me dijo que le iba a escribir una letra».



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