El historiador británico Niall Ferguson refuta la idea del dominio chino en ‘Desastres’

El historiador británico Niall Ferguson refuta la idea del dominio chino en ‘Desastres’



Niall Ferguson. / R. C.

Sus libros abordan las más diversas temáticas y siempre con el máximo rigor, apoyado en una documentación excelsa, pero sin huir de la controversia

Álvaro Soto

Nada queda fuera del alcance de Niall Ferguson (Glasgow, 1964), posiblemente el historiador británico más destacado y más polémico. Su país, los imperios, las guerras mundiales, la economía… Sus libros abordan las más diversas temáticas y siempre con el máximo rigor, apoyado en una documentación excelsa, pero sin huir de la controversia. Sus postulados liberales-conservadores chocan con algunas de las ideas más extendidas en el mundo contemporáneo, pero Ferguson no se arredra. Ahora, con la pandemia, ha abierto un nuevo campo de investigación, las desgracias naturales, y ha escrito otra obra magistral, ‘Desastres’, que acaba de publicar en España la editorial Debate.

En realidad, ‘Desastres’ son dos libros en uno. En la primera parte, Ferguson recorre las grandes catástrofes de la humanidad, terremotos, guerras, accidentes nucleares, hambrunas, plagas, virus, para llegar a la conclusión de que la covid-19, siendo terrible, no está todavía entre las grandes desgracias que ha sufrido la humanidad. Además, expone una atractiva clasificación de estos fenómenos: los rinocerontes negros son los desastres que se pueden prever; los cisnes negros son aquellos totalmente inesperados; y finalmente están los reyes dragón, que provocan cambios que van más allá del exceso de muertes. En este atractivo recorrido, divide aquellas provocadas por causas naturales de las que, de una u otra manera (la mayoría, en todo caso) tienen su origen en la actuación humana.

Y ‘Desastres’ es también una refutación de la teoría de que China sobrepasará a Estados Unidos en un breve plazo de tiempo. Para Ferguson, la pandemia «ha demostrado, en diversos aspectos, la persistencia del poder estadounidense». Las vacunas son norteamericanas, igual que la tecnología que conecta al mundo. «Los rumores de la fatalidad del destino estadounidense vuelven a ser exagerados», proclama el profesor de Harvard.



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