El covid-19 se ensaña con los republicanos en Estados Unidos – EEUU – Internacional

El covid-19 se ensaña con los republicanos en Estados Unidos – EEUU – Internacional



El covid-19, por supuesto, no responde a colores políticos ni le importa si alguien votó por Donald Trump o Joe Biden en las pasadas elecciones presidenciales.

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Sin embargo, un análisis de las tasas de mortalidad de la pandemia en EE. UU. indica con toda claridad que los chances de sobrevivir o perecer ante el virus dependen en gran parte del lugar donde se vive y el partido al que se pertenece.

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De acuerdo con estadísticas oficiales de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), las personas que viven en condados de EE. UU. donde el expresidente Trump ganó en las elecciones de hace un año con más del 70 por ciento de los votos tienen una probabilidad de morir 400 por ciento más alta que quienes residen en zonas donde el demócrata Joe Biden obtuvo la victoria por ese margen.

Puesto en números, desde junio de este año, el covid-19 se ha cobrado 47 vidas por cada 100.000 habitantes en ‘condados rojos’ (color del Partido Republicano) frente a solo 10 en zonas azules (mayoría demócrata).

Incluso, en condados donde la victoria de los republicanos fue superior al 60 por ciento, las diferencias son notables: 25 muertos por 100.000 habitantes comparado con 7,8 en áreas más azules del país, una diferencia de más del 300 por ciento.

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La explicación de semejante disparidad es más o menos sencilla. Durante el primer año de la pandemia, entre marzo del 2020 y febrero del 2021, se pensó que la resistencia de los republicanos al uso de tapabocas y al distanciamiento social como medidas para contener la propagación del covid-19 tendría un impacto superior en estas comunidades.

Pero las estadísticas terminaron siendo parecidas. Es decir, no se presentaron variaciones significativas entre los miembros de un partido u otro ni en las regiones donde estos se agrupan.

Coronavirus en Estados Unidos

Un trabajador de la salud practica una prueba rápida de covid en Nueva York.

Foto:

EFE/EPA/JUSTIN LANE

En gran parte eso fue el resultado de dos realidades. Si bien el covid-19 hizo estragos en comunidades rojas donde la población de ancianos es más alta y existía resistencia al uso de tapabocas, también lo causó en zonas urbanas y cercanas a aeropuertos internacionales, que es donde vive la mayor parte de la población demócrata.

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En otras palabras, el hacinamiento en ciudades y la cercanía a puntos de entrada de otros países terminó causando la misma cantidad de muertes que en zonas más aisladas donde no hubo el mismo nivel de precauciones.

Sin embargo, las tasas de mortalidad entre los dos grupos comenzaron a distanciarse en junio pasado, cuando irrumpió la variante delta, más contagiosa y letal.

La diferencia de comportamiento, de acuerdo con los expertos, está en la vacunación. A partir de enero comenzaron a repartirse los biológicos de manera masiva entre la población.

Lo que diferencia a Estados Unidos es un partido conservador –el Republicano– cuya hostilidad frente a la ciencia y la evidencia empírica ha crecido en las últimas décadas

Mientras la mayoría de demócratas y personas en grandes centros urbanos corrieron para aplicarse el remedio, entre los conservadores o republicanos la vacuna fue vista con desconfianza gracias a la propagación de información falsa y la postura de políticos dentro del partido que se opusieron a los mandatos en muchos estados del país.

De acuerdo con un sondeo reciente del Pew Research Center, mientras que el 86 por ciento de los votantes demócratas ya están vacunados, solo el 60 por ciento de los republicanos lo han hecho.

Incluso hay evidencia anecdótica según la cual republicanos que viven en estados de mayoría demócrata, donde la vacunación es alta, como Vermont o Massachusetts, son menos vulnerables al coronavirus pese a no vacunarse porque están ‘protegidos’ por los que sí lo hicieron. Es decir, se benefician por la inmunidad de rebaño que ya existe en estos estados.

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“Lo que diferencia a Estados Unidos es un partido conservador –el Republicano– cuya hostilidad frente a la ciencia y la evidencia empírica ha crecido en las últimas décadas. Y que se amplifica gracias a los medios de comunicación de esta misma tendencia. Si bien Trump llevó las teorías de conspiración a un nivel más alto, no fue él quien creo esto per se”, afirma David Leonhard, que investigó este tema para The New York Times.

Lisa Lerer, corresponsal nacional en jefe para este mismo diario, dice que muchos republicanos, con la anuencia de sus líderes, “han llevado falsedades sobre la vacunación que antes solo deambulaban en los márgenes de la sociedad al puro centro de la conversación política”.

Hacia el futuro, las proyecciones indican que los republicanos seguirán pagando un precio más alto que el resto de la población durante los próximos meses.

Aunque, en principio, la brecha entre ambos grupos podría cerrarse gracias al uso de drogas antivirales, como la desarrollada por Pfizer, que están pendientes de aprobación por la FDA y que prometen reducir la tasa de mortalidad de manera significativa aun entre los no vacunados.

Eso sumado a que las tasas de infección en los llamados estados rojos es tan alta que la población está comenzado a desarrollar cierta protección natural frente al virus y de allí la caída en los números a lo largo de las últimas semanas. Aunque la evidencia también indica que la inmunidad que ofrecen las vacunas es mucho más robusta que la que llega por el contacto natural con la enfermedad.

Más aún si se tiene en cuenta que muchas personas ya se están colocando una tercera dosis de refuerzo que eleva la protección a más del 95 por ciento y que los laboratorios trabajan en nuevas vacunas para hacerles frente a las mutaciones futuras de la enfermedad.

Desde que arrancó la pandemia en EE. UU. han muerto más de 760.000 personas producto del covid-19, por lo que ocupa el primer lugar mundial con más decesos, pese a contar con un arsenal de vacunas suficientes para inocular varias veces a toda su población.

De hecho, comparado con otros países desarrollados -e incluso en vías de desarrollo,- deja mucho que desear en este campo pues solo ha podido vacunar al 60 por ciento de su población cuando naciones como Portugal y España ya van por el 80 por ciento mientras que el Reino Unido, Italia, Bélgica y Francia rondan el 75 por ciento.

Según la mayoría de expertos, la resistencia de este sector de la población al uso de máscaras, al distanciamiento social y a vacunarse explica la altísima mortandad registrada en el país.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON
@sergom68

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