Daniel Brühl debuta con personalidad como director

Daniel Brühl debuta con personalidad como director




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Hace 18 años del estreno de ‘Good bye. Lenin!’, una de las películas europeas que mejor supieron mostrar la madurez cinematográfica del viejo continente. Técnicamente sencilla, pero con un guion impecable e ingenioso, Wolfgang Becker acertó de lleno y se hizo un hueco en la taquilla sin explosiones ni superpoderes. Su protagonista, Daniel Brühl, se ha convertido en un actor todoterreno, un tipo que siempre está bien aunque rara vez termina de impresionar. Es una estrella tranquila, de larga duración, incluso cuando coquetea con el citado cine de hombres en mallas capaces de volar.

Daniel Brühl demuestra ahora que no se acomoda y debuta en la dirección con ‘La puerta de al lado’, una producción aún más modesta que ‘Good bye, Lenin!’, con menos escenarios y solo dos actores principales, acompañados por unos pocos secundarios que no rompen el aire teatral.

El duelo es brillante. El veterano Peter Kurth, un rostro familiar del cine alemán, se queda con los mejores momentos, no olvidemos que con el permiso del director.

Humor negro y autoparodia

El guion de Daniel Kehlmann es un ingenioso ejercicio que recuerda a otros títulos de cámara poco viajera, en los que es esencial cierta intriga y grandes intérpretes. Aquí la historia se va asomando poco a poco, con calculada timidez. El espectador descubre pronto que Daniel –el nombre del personaje revela el punto autoparódico, no exento de humor negro– es un actor famoso que vive en un bonito ático de Berlín y se dispone a viajar a Londres para participar en el casting de una superproducción, por supuesto de superhéroes. De camino al aeropuerto, hace una parada técnica en su bar favorito. Empieza entones una conversación que cada vez se parece más a unas arenas movedizas.

No todo el mundo ha recibido con la misma alegría esta película proyectada en los festivales de Berlín y Sevilla. ¿Qué nos pueden ofrecer dos tipos hablando en un bar? Sin embargo, la charla tiene miga y ‘el hombre de al lado’ es todo un personaje. A medida que muestra sus cartas e incluso sus motivaciones, que nos habla de los secretos y del oficio de actuar, de la envidia y de la fidelidad, no es demasiado difícil enredarse con él en esta aventura que no llega a ser intelectual, pero sí reveladora y casi siempre interesante.

En algún momento puede que el guion se vuelva autocomplaciente o incluso que Brühl también se conforme con lo logrado, que no es poco. A veces lo mejor es aceptar tus cartas y jugarlas bien, sin volverte loco. Álex de la Iglesia, un director capaz de sacar petróleo de la idea, habría acabado despeñando a los protagonistas desde el ático, o algo parecido. La sencillez por la que opta el recién nacido director no es mala solución e invita a pensar que habrá más películas con su firma y que tendremos ganas de acercarnos a verlas.

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