claves para comprenderles y ayudarles

claves para comprenderles y ayudarles



¿Las niñas y niños mentirosos nacen o se hacen? Y lo que es más importante, si pillamos a nuestro hijo mintiendo, ¿cómo debemos actuar? Estas son algunas dudas que rondan las cabezas de muchas madres y padres que han descubierto o temen descubrir que su hijo les miente.

Para poder comprenderles, ayudarles y evitar que tengan que recurrir a las mentiras, tanto con nosotros como en sus relaciones personales, vamos a ver algunas claves importantes que debemos saber sobre los niños y las mentiras.

Las mentiras son frecuentes a ciertas edades

La psicóloga Úrsula Perona explica que “las mentiras son muy frecuentes a ciertas edades. Al principio ellos no distinguen muy bien la realidad de la ficción, entonces en etapas preescolares es normal porque existe esa confusión”.

El psicólogo Alberto Soler añade que “las mentiras son una parte del desarrollo normal de los niños; llega una edad en la que su desarrollo cognitivo se lo permite y empiezan a mentir”.

Más adelante, hacia los 8-9-10 años, las mentiras suelen tener más que ver con “ciertas carencias o dificultades en el niño, y las intentan usar como estrategia, por ejemplo, un niño puede mentir fantaseando delante de sus amigos de que tiene una nueva consola para ganarse su aprobación o admiración”.

Detrás de una mentira, siempre hay una causa

Diana Jiménez, psicóloga y experta en Disciplina Positiva, señala en su libro “Infancia en positivo” las diferentes causas que pueden llevar a niños a niñas a contarnos mentiras y aporta también algunos consejos al respecto:

  • Miedo a las consecuencias de decir la verdad. “Si tu hijo te miente, quizá toque revisar qué clase de relación estáis construyendo. Tal vez no seamos conscientes de que nuestro hijo puede haber interpretado que decir la verdad traerá consecuencias negativas: tu rechazo, tu crítica, tu desprecio, tu incredulidad…”.

  • Está probando a ver qué pasa: “¿Realmente mamá lo sabe todo? ¿Lo que pienso yo lo sabe mi mamá? ¿Ella está en mi cabeza?”.

  • Mentir para proteger: “Nuestros hijos pueden mentirnos por miedo a que la verdad nos haga más daño que la propia mentira”, señala Diana Jiménez.

  • Miedo a defraudarnos: “Quizás la verdad va a poner sobre la mesa que comete errores, que se ha equivocado… ¿y esto está permitido en casa? ¿nuestro hijo sabe que cometer un error no es malo? Tocará revisar si, aparentemente, no nos importa que cometa errores, pero realmente sí lo criticamos o enjuiciamos”.

En todo caso, la psicóloga explica que “la clave es siempre la misma: transmitir confianza y comprensión a nuestro hijo. Obcecarnos con la verdad solo dará como resultado más distanciamiento y resentimiento, debemos haber preparado el terreno, y es algo que no ocurre de la noche a la mañana”.

Qué hacer si pillo a mi hijo mintiendo

La psicóloga infantil Maria Luisa Ferrerós añade que “muchas veces, la forma en la que preguntamos condiciona que el niño mienta”. Por lo tanto, “en lugar de preguntar ‘¿quién lo ha roto?’, podemos enfocarlo desde la solución: ‘¿quién me va a ayudar a recomponerlo?’. “Es probable que si ve una solución, nuestro hijo dé un paso adelante y diga la verdad”. En ese caso, “asegúrale que lo mejor es que la próxima vez acuda a ti y lo diga directamente. Con esta actitud, aprenderá que cuando dice la verdad no se le riñe, por lo que siempre será mejor que mentir”.

Úrsula Perona hace hincapié en que debemos focalizarnos en la causa que está llevando a nuestro hijo a mentir: “El manejo tiene que depender siempre de cuál es la causa. Si el niño tiene problemas de adaptación social, en el cole no tiene muchos amigos, y por eso tiene esa necesidad de inventar o fantasear, pues lo abordaremos de una manera muy diferente a que si resulta que está diciendo mentiras para llamar la atención porque acaba de llegar un hermanito y está celoso, por ejemplo”.

Para averiguar cuál es la causa que está motivando las mentiras de nuestra hija o hijo, “valoraremos el desarrollo del niño, su entorno familiar, escolar, recursos de afrontamiento, habilidades sociales, pautas educativas familiares, etc., e intervendremos en las áreas que sea necesario”, aconseja Alberto Soler.

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Alberto también apunta que “deberemos hablar con él acerca de este asunto, hablamos sobre la confianza y cómo se puede ganar y perder. Le prestaremos atención a la mentira y también a aquello por lo que han mentido, y actuaremos en consecuencia, tratando de que repare el daño causado, aplicando una consecuencia en caso de ser necesario, etc.”.

En definitiva, la clave reside en “encontrar un equilibrio entre fomentar una comunicación saludable con nuestro hijo, establecer y explicarles las consecuencias de sus actos y al mismo tiempo pretender que confíen en nosotros y nos lo cuenten, entonces esto es un trabajo lento, pero todo se puede conseguir con esfuerzo, constancia y paciencia”, concluye Úrsula Perona.



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