Claves de una psicóloga para motivar la concentración en los niños con Tdah

Claves de una psicóloga para motivar la concentración en los niños con Tdah



Sonia Castro, psicóloga del
Instituto Europeo de Psicología Positiva
(apunta que una de las características habituales del
Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (Tdah)
es la dificultad para mantener la atención y la concentración durante un determinado tiempo en una tarea concreta. Como consecuencia, los niños con pueden dejar de manera muy frecuente sus tareas a medias (recoger los juguetes, ordenar la ropa…) o los deberes y exámenes del colegio sin finalizar y terminar.

¿Es habitual que en este proceso los padres (con toda su buen intención) se involucren en sus tareas y que para los niños se convierta en una mayor tortura?

Los padres sólo quieren el bienestar, la felicidad y lo mejor para sus hijos, por lo

 que involucrarse, compartir y participar en su educación es totalmente normal y básico para la salud emocional del pequeño, pero hacerlo de manera correcta no siempre es sencillo y se podría volver en su contra.

¿Es común acabar a gritos?

Afortunadamente la educación ha evolucionado mucho en las últimas décadas y los gritos, castigos y conductas de este tipo cada vez son menos comunes en los hogares. Aún así, por supuesto que podemos encontrar en las familias, ciertos momentos de perder los nervios, de tensión y de impaciencia al no saber gestionar de manera correcta ciertas circunstancias y emociones y en la que los gritos y el descontrol pueden aparecen.

¿Qué tácticas pueden emplear los padres para fomentar que sus hijos se concentren?

La práctica del mindfulness sería una de las estrategias a utilizar ya que aporta muchos beneficios para los más pequeños, beneficios centrados en tres áreas: regulación emocional, atención y problemas de conducta. Eso sí, la mayoría de las investigaciones que revelan los beneficios del mindfulness en niños de edades de entre 3 y 11 años están realizadas en contextos escolares o en poblaciones de niños con un diagnóstico clínico.

Entre los beneficios concretos destacan los siguientes:

– Conocer su propio cuerpo y cómo reacciona.

– Observar y explorar su entorno de manera consciente.

– Aprender a gestionar sus emociones.

– Mejorar el bienestar psicológico a través de la experimentación de emociones positivas.

– Aumentar la percepción de autoeficacia haciéndole sentir más seguros.

– Reforzar los lazos familiares.

Por supuesto que también es útil y beneficioso para mejorar la atención y la concentración. Por ello, cada vez son más los colegios que incluyen estos programas en sus calendarios y agendas semanales.

Con respecto a esta cuestión, un estudio realizado por Lawler (2018) mostró interesantes resultados en el proceso de atención. Concretamente, los niños participantes en el informe manifestaron menos síntomas de hiperactividad y menos problemas de atención, y una mejora significativa en la atención selectiva (capacidad para dirigir la atención y centrarse en algo sin permitir que otros estímulos, bien externos o internos, interrumpan la tarea).

¿De qué manera se puede motivar a estos niños?

Hablar con ellos de manera cercana, empática y cordial. Entender qué es lo que está pasando y por qué se sienten desmotivados. Ponerles ejemplos de experiencias cercanas, de gente conocida e importante para ellos que tras el esfuerzo hayan logrado el éxito.

Marcar objetivos y metas a corto, medio y largo plazo. Eso sí, que sean realistas y fácilmente alcanzables. Procurar que el “momento para los deberes” sea importante para la familia: establecer un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Generar un ambiente de tranquilo, sin distracciones, sin la tele encendida de fondo.

Empezar por lo más breve y sencillo y después hacer lo menos agradable, dejando para el final lo más fácil o lo que más le guste. Un factor motivante es que vean y sean conscientes de que los padres se implican en su educación y que comparten su entorno, que les vean asistir a las reuniones, que participen en actividades organizadas y que colaboren con los profesores y los proyectos.

¿Cómo generarles autoconfianza cuando se dan cuenta de que no consiguen resultados tan fácilmente como sus compañeros?

Querer y amar de manera incondicional al pequeño por encima de todo. Hay que evitar hacer comparaciones, cada niño es único y especial y los ritmos serán diferentes. Premiaremos el esfuerzo y su dedicación, independientemente del resultado final obtenido.

Nos centraremos y reforzaremos esos logros y metas alcanzadas, cualquiera, incluso por muy insignificantes que puedan parecer y se lo haremos saber de manera explícita: «estoy muy orgullosa de ti», «sabíamos que lo conseguirías»…

Y, sobre todo, evitar insistir y recordar de manera continua y recurrente lo no conseguido o el error cometido por el niño o la niña.

¿Cómo sacar fuerzas también como padres para no perder la paciencia al ayudarles con los estudios?

Justo eso, paciencia, es lo que se va a necesitar. Utiliza la empatía, ponerse en el lugar del pequeño es fundamental. Emplear un lenguaje adecuado a la edad del niño o niña. Intercalar momentos de descanso. No actuar en los momentos de ira, tratar de mantener la calma y la serenidad. Practicar mindfulness en familia, realizarlo con los hijos, juntos y en familia, esto fomenta la motivación, el disfrute y realza también los lazos familiares.

¿Es recomendable que quien se siente al lado del niño para ayudarle a estudiar sea, por ejemplo, un profesor particular (quien se lo pueda permitir) en vez de un padre o madre?

Aquí entran en juego muchas variables y factores que serán diferentes en cada familia. Variables como el tiempo disponible por parte de los padres, los recursos económicos, los resultados académicos… En cualquier caso, lo que los expertos recomiendan es que sea el menor quien haga y se responsabilice desde bien pequeño de sus propios deberes. Es una tarea propia y tiene que aprender a hacerla por él mismo.

Cuando esté haciendo sus deberes, y en momentos puntuales, pueden surgir ciertas necesidades (si necesita algún apoyo extra, solucionar una duda concreta o específica o revisar o supervisar los deberes, una vez listos). Ahí, por supuesto que sí sería beneficioso y recomendable que ambos (madre y padre) estén presentes y se ocupen y se preocupen de ello. Los padres han de estar, colaborar y supervisar.

Si se valora que fuera necesario un profesor particular, será la persona encargada de enseñar ciertos conceptos o contenidos propios de una materia o asignatura concreta o de reforzar conceptos. Pero es una figura diferente y algo extra o añadido, independiente a los deberes que haya de realizar.

 



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