
Moktar, 21 años, se sube la braga, se ajusta la capucha del plumón negro brillante y pone un pie fuera de casa a media tarde. Detrás del bigotito y las gafas de grueso cristal y patilla dorada, sonríe un estudiante de tercer curso de facultad de una familia muy humilde de origen tunecino. Simpático, listo, con un sentido político raro a su edad y la piel curtida por el ambiente. Moktar creció en uno de los edificios más pobres del barrio de L’Abreuvoir, en Bobigny (48.873 habitantes), justo delante de uno de los puntos de venta de droga donde todas las horas del día hay trasiego de camellos, policía, clientes, toxicómanos. “Ballon aquí”, reza una pintada en la pared, promocionando el óxido nitroso gaseoso que se despacha para inhalar.





Fuente: elpais.com