La ultracompetitiva cultura estadounidense solo admite ganadores. Convertirse en un loser, un perdedor, es cruel estigma. Y como riqueza rima con triunfo, y pobreza con fracaso y falta de entendederas, (casi) todos lo dan todo por el podio. La crueldad de esos sinónimos flanquea la vieja dialéctica del amo (adorable) y el esclavo (despreciado). Recuerden al feliz Trump despidiendo aprendices en televisión: “You’re fired”, ametrallaba.
Fuente: elpais.com