Triste historia de un tren

Hay heridos, hay supervivientes. Hay vidas que han cambiado. Y hay culpables, por supuesto que los hay. Y tienen que pagar. Han de pagar por sus errores, sus om...

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Tucanaltv
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Triste historia de un tren
Día después del accidente de Ave e Iryo en Toledo, cerca de Urda. Personal de rescate siguen buscando víctimas entre los escombros.

Aquella mañana el tren estaba medio vacío. Lo que hubiera sido una alegría se recibió como algo incómodo. No había motivo para que fuéramos tan holgados. Subiendo la escalera de la estación, me encontré con un compañero de clase: “No hay nadie, tía”. Pocas almas en la salida, pocas almas en la cuesta hacia la facultad. Allí, cuatro gatos y todos en corrillos. “Ha habido un accidente”, “Se han parado los trenes”. El profesor de Tecnología era un imbécil integral. No me acuerdo de su nombre y por eso no lo pongo aquí, pero era, más que un imbécil, un gilipollas. No queríamos empezar la clase porque todos teníamos preguntas. Este señor quería dar la clase ese día no le apetecía requebrarnos a las chicas– y aun así se oyó que había explotado un tren. A eso de y veinte llegó Roberto. Estaba lívido. “Perdón. Es que ha explotado el tren”. Murmullos. Preguntas. El gilipollas de Tecnología le dijo: “Cállese y siéntese”. Roberto, con lágrimas en los ojos, se sentó y se calló. Cuando terminó esa clase nos explicó lo que recordaba en ese momento... unas horas después ya pudo contarnos esos detalles que yo no viví y que sin embargo llevo grabados a fuego. La señora ensangrentada que le pedía ayuda desde el suelo y a la que él no pudo socorrer, o la gente a la que pisó antes de salir campo a través, desorientado. A la tercera clase llegó una compañera (guapa, excelsa, dulce) con familia en el Ajuria Enea. “¿Tenemos algún vasco de mierda en la clase?” dijo una chica. La compañera se fue llorando. En pocas horas el debate de la autoría había comenzado. Solo teníamos a la ETA, así que sería la ETA, aunque era raro. Aquellas elecciones no se pararon. PP y PSOE pensaban que les vendría bien. Los políticos calculan sin importar quién caiga. Nunca piensan en los demás. Pero hay muertos, familiares de muertos. Hay heridos, hay supervivientes. Hay vidas que han cambiado. Y hay culpables, por supuesto que los hay. Y tienen que pagar. Han de pagar por sus errores, sus omisiones, sus culpas y sus chanchullos. Tampoco estaría de más que dimitiera alguien alguna vez. Pero ahora hay que respetar a los muertos y a los vivos. El duelo es sanador, y por desgracia, con unas elecciones en ciernes, poco duelo vamos a tener. Nosotros, que no somos como ellos, vamos a intentar respetar a los muertos mientras se aclara qué está pasando con nuestros trenes, que es del todo punto inadmisible.


Fuente: elpais.com