Este martes, las luces de los teatros del West End de Londres se oscurecerán 10 minutos en señal de luto por Sir Patrick Stewart. Se ha muerto para ellos uno de los suyos, uno de los mejores, un actor shakespeariano que hacía resonar el verso yámbico en los esternones del público sentado en la última fila del gallinero. Para otros se ha muerto el Xavier de los X-Men, lo cual es hasta cierto punto respetable y no del todo incorrecto. Pero esas dos muertes palidecen ante la única que de verdad importa. Al menos, la que de verdad me importa a mí. Hemos perdido a Jean-Luc Picard, el héroe más culto, improbable, pacífico, moderadito, irónico y sedentario de la historia de la ciencia ficción y aun de la cultura popular.
Fuente: elpais.com