Hace algún tiempo, hice un trabajo para una marca de cosméticos con motivo del lanzamiento de un nuevo producto. Una crema. La firma quería huir del término antiedad para presentarla, preferían referirse a ella como un producto diseñado para acompañar —que no para frenar— el proceso natural de envejecimiento de la piel. En aquel momento se me ocurrió establecer un símil entre el efecto que el paso del tiempo ejerce sobre nosotros, los humanos, y el que ejerce en determinados alimentos, concretamente sobre los fermentados, como el queso o el vino. En ellos, un manejo adecuado de su evolución (afinado, maduración, crianza), permite extraer el diamante en bruto, alcanzar el punto álgido de su valor gastronómico. En otras palabras: el tiempo, en determinados alimentos, se convierte en un aliado. Lo complejo suele ser más profundo porque tiene más capas.
Fuente: elpais.com