Muchas de las plantas que decoran el jardín del palacete de Lorenzo Villoresi (Florencia, 69 años) en su ciudad natal no son meramente decorativas, sino que forman parte del recorrido del museo que se ubica en el sótano del edificio. Están colocadas en grandes macetas que permiten moverlas según reclame el tiempo atmosférico, como ya hacían los Médici en el Renacimiento. El propio Villoresi se crio en una villa a las afueras de la ciudad, entre huertos, hierbas aromáticas, parterres de lavanda o grandes naranjos. Ahora recrea algunos de esos aromas para que las nuevas generaciones puedan experimentar, explica en una de las regias salas de este edificio de la orilla izquierda del Arno, que es también la sede de su compañía. “Todo empezó porque hicimos una enciclopedia de unos 70 fascículos sobre el mundo del perfume y nos ganamos fama de expertos. Así que la gente empezó a buscarnos para pedir información”, recuerda. De aquella experiencia nació el museo: “Los niños sienten mucho respeto por los olores; les alegran, les resultan interesantes, les importan. Para ellos tienen un gran impacto emocional”.
Fuente: elpais.com