Sobra creatividad, pero falta infraestructura. El Brexit no es el único culpable de que la moda británica haya perdido ventas y relevancia internacional. Los aranceles y la dificultad para distribuir los productos fuera del país influyen, por supuesto, pero también el ecosistema actual de la industria, en el que las marcas independientes no tienen apenas espacio para sobrevivir. Las tiendas multimarca, físicas o digitales, han ido cerrando en los últimos años en un panorama en el que solo las firmas de grandes conglomerados (principalmente Kering y LVMH), con tiendas propias, equipos e inversión a medio plazo, tienen cabida en paisaje. De ahí que la semana de la moda de Londres, que en la pasada década seguía siendo sinónimo de vanguardia y creatividad, pero también de independencia, haya renovado sus esquemas para recuperar relevancia en un momento en que París y Milán, con sus grandes marcas y sus desfiles espectáculo, están acaparando toda la atención mediática.
Fuente: elpais.com