“Soy una especie de especialista en armaduras, en hacer una moda de arquitecturas fuertes, y precisamente por eso me interesaba crear algo extremadamente fluido”, contaba Nicolas Ghesquière a un reducido grupo de periodistas, entre los que se encontraba este periódico, tras el desfile de Louis Vuitton celebrado anoche en el Cour Carré del Louvre, como ya es habitual en la casa francesa. En esta ocasión instalaron 34 coches voladores sobre una larga e intrincada carretera de asfalto (todos los materiales se reciclarán y/o se donarán). Era, según el diseñador, una alegoría del pasado porque, según contaba, la plaza del museo se utilizaba como parking para mandatarios: “Uno de los edificios más bellos del mundo rodeado de coches”, bromeaba; pero también una metáfora del futuro.
Fuente: elpais.com