
Las conversaciones de varios corrillos rompen la tranquilidad de la noche en Wudaoying, uno de los hutong (callejones) más populares del casco antiguo de Pekín. A la puerta de una sala de conciertos, Shao, de 27 años, y Qin, de 28, charlan con cervezas en la mano. “Me tratan como si fuera una niña y encima tengo que sonreír para no dar problemas”, se queja Shao. Da una calada al cigarrillo y señala con la cabeza a un compañero de trabajo, que está a unos metros. “Estoy harta de tanto mansplaining”, responde Qin, en referencia a las explicaciones condescendientes de hombres que presuponen que ellas saben menos.
Fuente: elpais.com