En la acampada en Sol –surgida tras el desahucio de Maricarmen y alimentada por el hartazgo de la vivienda– se escuchan gritos, cantos, insultos a políticos y muchos discursos. Casi todas las intervenciones acaban en aplausos. Es lógico. En los albores de una protesta que aspira a ser generacional y transformadora, importa más el carácter movilizador de las palabras que la precisión de las propuestas. El camino puede discutirse después. Lo importante es empezar.
Fuente: cincodias.elpais.com