Una casa en ruinas, lista para su demolición. Paredes de adobe desvencijadas que entre grietas insinuaban las materias de sus entrañas. Cien años mínimo de antigüedad a juzgar por los cantos rodados que posiblemente fueron sacados del río de la Piedad que en otros siglos bañaba esa vecindad de la Ciudad de México. Un poco de techo aún en pie colonizado por una vegetación abigarrada. Un espacio listo para pasar al olvido y ostentar sobre sus cimientos una prístina construcción de cemento de cinco alturas. Ese lugar imposible tuvo otro destino: fue salvado por la dupla de arquitectos Isabel Abascal (Madrid, 1984) y Alessandro Arienzo (Ciudad de México, 1987), de Lanza Atelier, que vieron ahí, en ese vacío, la posibilidad de construir su casa en México.
Fuente: elpais.com