Ya no se lleva agachar el lomo en septiembre. La vendimia, que durante décadas supuso interesantes ingresos para los jóvenes rurales o arribados desde la ciudad, padece la despoblación y el desprestigio de las actividades del sector primario. Los viticultores sufren cuando madura la uva porque no queda mano de obra para recogerla y solo mediante la ayuda de trabajadores migrantes consiguen recoger el fruto de las vides que durante décadas o siglos nunca vieron esa escasez de personal. Los distintos estamentos del sector en Castilla y León, emblema del vino, coinciden en que, aparte de algunas ofertas casi esclavistas, las condiciones son buenas, con casa y coche para los trabajadores, además de un sueldo superior a 12 euros la hora, pero que la propia irregularidad del mercado y el desprestigio generacional del campo llevan al abandono primario.
Fuente: elpais.com