La paradoja está servida, una más en los ocho meses de guerra contra Irán. El estrecho de Ormuz —cerrado y abierto a la vez, según a quién se pregunte, al más puro estilo Schrödinger— es más poroso que nunca antes, pero también más peligroso: el volumen de crudo, gas natural y derivados de toda condición que sale del golfo Pérsico ha crecido exponencialmente, pero también lo están haciendo los ataques a petroleros y metaneros.
Fuente: elpais.com