Setsuko Thurlow es una de las escasas supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima que aún sigue con nosotros. Al recibir el Premio Nobel de la Paz en 2017, en su discurso de agradecimiento recordaba la explosión como “un destello cegador de color blanco azulado”. Hiroshima es la idea colectiva del apocalipsis. Imaginar una extensión global de aquel acontecimiento nos deslumbra, impidiéndonos ver cualquier otra circunstancia que nos amenace a nuestro alrededor. El mismo efecto tienen las alarmas sobre la inteligencia artificial como agente de la extinción humana: nos alejan de cualquier reflexión sobre otros efectos del despliegue de esta tecnología.
Fuente: cincodias.elpais.com