Hubo un tiempo en el que la prueba definitiva de popularidad en el instituto no era tener un móvil ni unas Adidas Samba, sino una diadema fina con forma de zigzag. Aquella pieza, que servía para sujetar el flequillo, sufrió una de esas transformaciones culturales que no se pueden planificar y acabó convertida en el accesorio que definió el espíritu de su momento, que en este caso era el de los últimos años noventa. 25 años después, y como tantas otras reliquias de la época, ha vuelto. O, mejor dicho, Miu Miu la ha resucitado.
Fuente: elpais.com