Después de casi 25 años de convivencia y muchos millones de por medio, el amor entre Roger Federer y Nike se acabó. “El no dejó a Nike, Nike lo dejó a él”, matizó en su día el agente del suizo, campeón de 20 grandes y que en 2018, cansado de la indecisión de la firma norteamericana, decidió finalmente asociarse con Uniqlo, una marca japonesa de ropa casual, con escaso impacto en el ámbito deportivo —a pesar del vínculo de cinco años que estableció con Novak Djokovic— y que apostó a lo grande por el tenista: el nexo entre una y otra parte no estaría estrictamente relacionado con el rendimiento, sino que iría bastante más allá. Federer, embajador. Y una cifra mareante: 300 millones de euros para él a cambio de una década de representación.
UNA ESTRATEGIA SELECTIVA
Según la revista Forbes, Federer posee una participación de aproximadamente el 2,5 % en On, con una estimación de unos 296 millones de acciones de clase A (mayor poder de voto) y 341 millones de acciones de clase B (menor).
La que comenzó siendo una firma de zapatillas es hoy una distribuidora —con sede en Zúrich— que también apuesta por la producción textil y que, desde el punto de vista estratégico, prefiere una representación específica de deportistas a una masiva; mejor pocos, pero diferenciales.
En el ámbito del tenis cuenta con Iga Swiatek, Ben Shelton, Flavio Cobolli y João Fonseca, además de Federer. Para el fútbol también contrató a Sydney Schertenleib, del Barcelona. Y se concentra en el atletismo, aunque ha entrado en el Trail y el pádel; en este último caso, con el español Arturo Coello.
Henry ya es uno de sus rostros más reconocibles. Cabe recordar que el francés fue uno de los grandes iconos de Nike a principios de los 2000 —llegó a encabezar una campaña contra el racismo, Stand Up, Speak Up—, pero en la recta final como ariete del Arsenal firmó por Reebok.
Fuente: elpais.com