La primera tienda que Desigual abrió ya fue una declaración de intenciones: fue en Ibiza, en medio de la efervescencia de fiesta y moda de 1986. Ese estreno llegó dos años después de que el suizo Thomas Meyer, desde el barrio del Raval de Barcelona, fundase la compañía al diseñar la icónica chaqueta tejana hecha con unos pantalones vaqueros de segunda mano que no lograba vender. La chaqueta fue un éxito, y con la primera tienda Desigual se subió a una ola de crecimiento, modernidad y juventud que le duró varias décadas. La empresa logró dar con la tecla para conectar con sus clientas, y llegó a alcanzar cotas muy altas en ventas y rentabilidad. Pero a mediados de la década pasada, en plena crisis financiera, los ingredientes de la fórmula del éxito se malograron: el producto parecía repetitivo, las clientas cada vez eran más mayores, y las ventas y las ganancias cayeron. Desde entonces, Desigual trata de volver a dar con la clave.
Fuente: elpais.com