En julio de 2011, una joven de 22 años se presentó en la garita de Calexico, en la frontera entre México y California, con un pasaporte estadounidense de forro azul marino. Su embarazo de ocho meses y su acento sinaloense eran difíciles de disimular. Un agente aduanal le hizo las preguntas de rutina: de dónde venía, hacia dónde se dirigía y qué llevaba consigo. Pese a sus respuestas y al documento que entregó, la envió a una segunda inspección, más exhaustiva. Otros oficiales federales revisaron minuciosamente sus pertenencias y el contenido de sus teléfonos celulares. Minutos después, una vez concluido el riguroso procedimiento, le permitieron entrar al país.
Fuente: elpais.com