Estamos en el jardín trasero de la casa de mi amiga Belén un sábado por la mañana. Nosotras (las cinco amigas del colegio, ese grupo al que te refieres como “mis amigas de toda la vida”) y nuestra descendencia, que en los últimos años ha crecido como la espuma y ya supera de largo el tamaño de nuestro propio grupo. Mi hija de un año está sentada en las rodillas del marido de otra de mis amigas, que con mucha maña la sostiene a ella y a su propia hija, mientras ambas dan cuenta de unas refrescantes rodajas del primer melón del verano. Veo de reojo cómo mi hija le quita de las manos el melón a la otra niña y cómo ambas se enzarzan en una inocente pelea por el último gajo.
Fuente: elpais.com