Hay un postre para el que siempre —sea invierno, primavera o el día más tórrido del verano— hay un huequito disponible en mi estómago: la torrija. Tú y yo la llamamos torrija; para nuestros alter ego franceses es pain perdu y, para los americanos (o para cualquiera que le baile el agua a las tendencias), french toast. Nuestras abuelas las hundían en aceite para freírlas; en Francia prefieren derretir mantequilla. La adaptación estadounidense se hace con brioche en vez de con pan duro, y es quizá esa la diferencia más acusada, no tanto por el ingrediente, como por su significado: las versiones europeas encuentran su origen en la necesidad de aprovechar el pan del día anterior.
Fuente: elpais.com